jueves, 22 de marzo de 2018

Xavier Aragay: “Deberíamos estar abiertos a romper marcos mentales”

Xavier Aragay: “Deberíamos estar abiertos a romper marcos mentales”

Xavier Aragay adult

Xavier Aragay
Experto y formador en transformación de instituciones y liderazgo y autor de "Reimaginando la educación"
Con 8 años fue de viaje en coche con sus padres de Barcelona a Madrid, para visitar la ciudad y sus alrededores. Le entusiasmó reconocer todo lo que había estudiado en clase. Allí descubrió la pasión por viajar y decidió que protagonizar La vuelta al mundo en 80 días podía ser una aventura imprescindible en su vida.
¿Qué es ser innovador hoy en día?
Esta pregunta es muy interesante porque ataca al centro de la problemática. A mí me gusta más hablar de transformación que de innovación. Normalmente se identifica la innovación con “hacer cosas”, se vincula a las técnicas, pero a mí me parece que ésta no es una buena perspectiva porque hacer sin desmontar las cosas que hemos hecho hasta ahora no sirve de mucho.
Las personas que impulsan la innovación lo que hacen es añadir cosas nuevas a lo que ya hay. Pero esto no pone el sistema en crisis.

¿Y qué sí lo pondría?
El modelo de aprender y enseñar que tenemos se diseñó en el siglo XIX. En síntesis, consiste en un profesor que tiene el conocimiento y lo quiere transmitir y un alumno que está quieto y toma notas para aprender. Esto está superado y ha quedado obsoleto. Lo que hay que hacer es transformar este sistema porque ya no nos sirve. Necesitamos una nueva mirada que se centre en la persona y deje a un lado el contenido.

Hay que transformar el sistema entonces…
La innovación produce un estrés importante en los profesores porque entienden que tienen que añadir más cosas a lo que ya hacen. Quizá lo que hay que hacer es menos, pero hacerlo diferente. Transformar tiene mucho más que ver con el “ser” que con el “hacer”. Se trata de “ser” ese educador o referente para los alumnos y para los compañeros, porque cuando impulsamos el trabajo por proyectos o interdisciplinar, ponemos al alumno en el centro y nos olvidamos de los contenidos como misión.

¿Qué es lo que necesitamos transformar profundamente?
El debate que necesitamos abordar ahora mismo es qué sentido tiene hoy en día la educación. Necesitamos saber por qué y para qué educamos, porque no tenemos el mismo objetivo hoy que hace 50 años. Vamos a tener a nuestros hijos e hijas escolarizados muchos años. Necesitamos coger perspectiva hacia el futuro para entender para qué les vamos a escolarizar.

La sociedad ha cambiado mucho en poco tiempo.
El objetivo hace años era alfabetizar una población que no sabía leer ni escribir. Hoy esto no tiene sentido, todo el mundo sabe leer y escribir. La educación ha perdido un poco el sentido. No puede ser que nuestra meta sea abrir la cabeza de los alumnos y llenarla de contenidos caóticamente. La verdadera importancia de la educación es saber para qué nos va a servir tener a un alumno 15 años escolarizado.

¿Cómo se puede abordar esta perspectiva?
Hagamos una reflexión: Laia es una niña que tiene 3 años y en septiembre empieza el cole. Estará escolarizada en este centro, si todo va bien, hasta 2033. Entonces, si se anima a seguir estudiando entrará a la universidad en 2034. Entre unas cosas y otras, pongamos que se incorporará al mercado laboral en 2040. ¿Somos conscientes de esto?

Visto así, da un poco de vértigo…
Lo que nos pasa es que estamos acostumbrados a innovar haciendo balance de lo que hemos hecho: miramos lo realizado hasta el momento y lo que podemos hacer para mañana, como mucho. Pero nos toca imaginar el futuro y, en base a esto, apostar por darle a la pequeña Laia una educación que le facilite unas herramientas que la capaciten para poder vivir con plenitud en el 2040.

Pero no sabemos cómo será la vida en 2040.
Sabemos más de lo que pensamos. Por ejemplo que, como mínimo, la mitad de los conocimientos a nivel de contenido que le transmitamos quedarán obsoletos. La creación de conocimiento está ahora mismo en una curva exponencial. La apuesta no pueden ser los conocimientos porque no le van a servir para nada.

¿Y cómo podemos plantearnos qué necesitará Laia en 2040?
Lo que hará que esta pequeña sea una persona plena en el 2040 es ser creativa. Le servirá también saber trabajar en equipo, saber buscar información y sistematizarla, hacer mapas mentales, compartirlos con los otros, criticar la información… Ella tiene que ser protagonista de este proceso. Por eso tenemos que saber qué sentido tiene tener a Laia escolarizada hasta el 2040.

¿Y por dónde se empieza?
Por dejar de hablar de innovación y empezar a hablar de transformación. La innovación no pone en crisis al sistema, no pretende reimaginarlo todo. La clave será ser disruptivos.

¿Quién debe liderar esta transformación?
Está en manos de todos. Debemos desterrar la idea de la que las leyes de educación que promueven los gobiernos servirán para cambiar la educación. Bienvenidos sean los pactos por la educación, pero no van a ser el motor de cambio. Esto solo se puede transformar de abajo hacia arriba. Que las comunidades educativa se empoderen, que se den cuenta que repetir por inercia no tiene sentido.

De abajo a arriba a veces hay techos de cristal. 
Toda la comunidad es toda la comunidad: alumnos, profesores, familias, pedagogos, etc. Todos somos agentes de cambio en este sentido y, por lo tanto, todos deberíamos estar abiertos a romper marcos mentales.

¿Conoce alguna iniciativa en algún lugar del mundo que sirva de ejemplo?
Lo que observo es que hay tendencias, pero no existe un modelo clave. Si existiera, todos lo habríamos copiado. Lo que debemos saber es que la educación está en crisis en todas partes, aquí, pero también en Finlandia y en Singapur.

¿Qué tendencias puede destacar?
Ninguna que no tengamos aquí en marcha: trabajo colaborativo, interdisciplinar, alumno protagonista, etc. Todos vamos en la misma línea, pero cada uno les da formas y nombres distintos. Lo que veo es que los que realmente aportan cosas son los que tienen voluntad de transformar sin prisa, siendo conscientes que es un proceso que durará años. Apuntan hacia un proyecto más ambicioso y rompen con todos los marcos mentales que les frenan.

¿Cómo se rompen estos marcos?
El profesor lo que tiene es miedo de que el alumno no aprenda, porque cree que el encargo que la sociedad le ha hecho es precisamente que el alumno aprenda. En este marco está instalado todo el mundo. Lo que debemos entender es que el encargo real es que el alumno crezca, que se desarrolle, ¡que piense! Cuando empiezas a romper este marco y pasas a hacer crecer las personas y a tener confianza, a vincular el conocimiento a las emociones, y no fiarlo todo a unos exámenes memorísticos, empiezan los cambios. Las evidencias científicas al respecto ya existen y lo avalan, si es esto lo que nos asusta.

Insistimos en los techos de cristal.. ¿Cómo superarlos?
Los primeros que deben cambiar el marco mental son los directivos: directores de centro, responsables de ciclo, etc. Generalmente, los profesores rompen por sí mismos el marco mental, pero entonces se ven frenados por direcciones estáticas y coordinadores que no están por la labor de transformar. Están de acuerdo con que haya pequeñas innovaciones porque están bien y quedan de modernos, pero no están dispuestos a transformar. Por ello es preferible hacer seminarios específicos con los equipos directivos en vez de machacar con formaciones a los docentes.

¿Qué opina de las comunidades de aprendizaje?
Es lo que deberían ser todas las escuelas. Romper con los departamentos, y con los compartimentos estancos de conocimiento. Profesores y alumnos deben poder interactuar juntos, compartir una inquietud y crear, buscar, construir y estructurar el conocimiento. La filosofía de comunidad de aprendizaje es muy interesante.

Pero las escuelas no pueden convertirse de un día para otro en comunidades de aprendizaje.
Sería absurdo pretenderlo. Transformar una escuela supone zarandear una institución que tiene una inercia de años a la espalda. Es difícil hacerlo y hay que diseñar un proceso en el que haya una serie de fases. No se puede hacer todo de golpe. Hay que empezar por el cambio mental de los profesores y los directores, hacer experiencias disruptivas de cambio que nos ayuden, etc.

¿Los profesores necesitan formarse para ello?
Dejemos de estresar a los profesores con formaciones. Ellos también deben aprender haciendo. Regalémosles tiempo para reflexionar, para cuestionarse sus motivaciones, que empiecen a llevar a cabo experiencias y observen a los alumnos y se observen a sí mismos. Formación no, por favor, acompañamiento sí.
  

FUENTE  :    Tiching Blog 

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