jueves, 9 de marzo de 2017

¿Cómo corriges?

¿Cómo corriges?


¿Cómo corriges?

Gema Sancho es Máster en Psicología del Coaching por la UNED, Coach PCC Certificada por ICF (International Coach Federation), licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, y MBA por el Instituto de Empresa.
– Tu trabajo sobre Egipto está suspenso. Está muy mal presentado y además incluyes muy poca información. Se ve que no has puesto interés.
Habitualmente tratamos de conseguir que nuestros alumnos mejoren corrigiendo sus errores. Parece lógico que, en base a nuestro conocimiento y experiencia, la mejor manera de corregir y lograr que mejoren es que les digamos a nuestros jóvenes qué han hecho mal y (generalmente) cómo deberían haberlo hecho.
Sin embargo, esta manera de corregir resulta bastante poco efectiva o al menos no provoca en el alumno un aprendizaje real. Si se le vuelve a presentar exactamente la misma situación, podrá cambiar su actuación y adecuarla a la manera correcta de solucionarla, pero si la situación varía levemente, probablemente volverá a cometer el mismo error.
Señalar lo que se ha hecho mal y decir cómo hacerlo bien parece una manera rápida de que los chicos aprendan. Sin embargo, la realidad es que tendremos que repetir la misma corrección una y otra vez, en diferentes situaciones y contextos. Esto provocará en los profesores una sensación de agotamiento, de no sentirse escuchados, de incomprensión. Pero en los chicos, este tipo de corrección focalizada en el error lo que puede llegar a provocar son sentimientos de frustración, incapacidad, falta de autoestima, e incluso generalizaciones del tipo “siempre lo hago todo mal”. Si además, como en el ejemplo anterior, introducimos algún tipo de valoración o interpretación personal, la corrección puede resultar incluso más negativa.
La buena noticia es que existe una manera mucho más efectiva de corregir. A través del coaching podemos adquirir algunas habilidades propias del coach como la realización de preguntas abiertas que provoquen la reflexión en los alumnos y que podremos aplicar a la corrección.
– He estado leyendo tu trabajo sobre Egipto. ¿Qué aspectos consideras tú que son importantes y que hay que tener en cuenta a la hora de realizar un trabajo?
– Pues…la información que contiene.
– ¿Qué opinas sobre la información que contiene tu trabajo?
– Está bien, no sé.
– Piensas que está bien. Si no supieras nada sobre Egipto, ¿qué conocimiento tendrías después de leer este trabajo?
– Pues…bueno, no mucho, sólo un poco más.
– No mucho, sólo un poco más. ¿Qué se podría haber incluido para saber más?
– Uhmmm….quizás algo más de información sobre los dioses, por ejemplo.
– Bien, más información sobre los dioses. ¿Qué más?
– Pues…no sé, algo sobre las ciudades, sobre cómo vivían, o la ropa que usaban.
– Algo sobre las ciudades, sobre cómo vivían, la ropa que usaban… ¿De dónde podrías sacar esta información?
– Podría buscar por internet, o mirar algún libro de la biblioteca que hable de estos temas.
– Ajá, entonces por lo que me dices podrías añadir información a tu trabajo buscándolo en internet o en la biblioteca. ¿Qué más cosas crees que podrían mejorar tu trabajo?
– Uhmm…no sé.
– ¿Qué opinas de la presentación?
– Bueno…se podría mejorar, claro.
– ¿Cómo podrías mejorarla?
– Pues, creo que está un poco sucia. Podría haber hecho una portada más limpia y podría haber pegado una foto o haber hecho un dibujo.
– Me parece estupendo. ¿Qué te parece si realizas esas mejoras que has propuesto sobre la información que contiene y sobre la presentación?
– Vale. Lo haré.
A través de las preguntas, a la hora de corregir a nuestros alumnos, les ayudaremos a que sean ellos mismos los que reflexionen acerca de qué se puede mejorar y cómo hacerlo. De esta manera, en el ejemplo anterior, no sólo estaremos corrigiendo el trabajo concreto sobre Egipto sino que estaremos ayudando al alumno a que saque conclusiones acerca de cómo realizar un buen trabajo, independientemente de la materia que se esté estudiando en el momento. Y lo que es más importante, les haremos partícipes y responsables de su propia mejora.
Además, hay un aspecto que solemos olvidar y que resulta fundamental en el aprendizaje: saber qué se ha hecho bien. Muchos alumnos sólo intuyen que algo está bien cuando no se les dice que está mal, pero muchas veces pueden sacar sus propias conclusiones erróneas de qué aspectos concretos son los que están bien y se deben repetir.
No debemos perder ninguna oportunidad de reforzar aquellos comportamientos positivos que realicen los alumnos. De esta manera, les estaremos ayudando a que sean conscientes de los mismos y a que continúen realizándolos.
Tenemos más facilidad para descubrir el fallo, el error, pero siempre habrá algo que se haya hecho bien. Reforzarlo ayudará al alumno a mejorar su autoconfianza y le dará herramientas para seguir mejorando desde lo que ya domina.
Si queremos que de verdad mejoren, cambiemos nuestra manera de corregir.

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