sábado, 11 de junio de 2016

¿CANTIDAD O CALIDAD? DEL ALUMNO "ENCICLOPEDIA" AL ALUMNO "MAKER"

¿CANTIDAD O CALIDAD? DEL ALUMNO "ENCICLOPEDIA" AL ALUMNO "MAKER"


"Buena parte de las actividades escolares, examinadas desde una perspectiva racional, resultan absurdas, inútiles y posiblemente dañinas." Juan Delval

Buscando documentación para el post de esta semana encontré en la red un artículo de Juan Delval publicado en Cuadernos de Pedagogía en 1994. El artículo se titula ¿Cantidad o calidad? y es un buen ejemplo de que llevamos demasiado tiempo dando vueltas a ideas e innovaciones que no acaban de cuajar en la actividad docente. Delval comenta que "La cantidad de conocimientos que se pretende que los alumnos aprendan es tan abrumadora, que si consiguieran entenderlos y recordarlos serían personas realmente cultas, con conocimientos universales, y no tendrían que recurrir a las enciclopedias para consultar algo, porque serían ellos mismos enciclopedias."

Ya es hora de superar el debate sobre lo que debe enseñarse en nuestras escuelas y la manera como debe enseñarse. ¿Cantidad o calidad? no es la cuestión que debería ocuparnos en pleno siglo XXI.

La "cantidad" por sí sola lleva a la memorización mecánica de datos que los alumnos retienen durante el tiempo suficiente para aprobar los exámenes y que como mucho les sirve para vencer a sus amigos en el trivial.

La "calidad" por sí sola lleva al absurdo de pretender que los alumnos reflexiones sobre cualquier tema, como si eso fuera posible sin tener la cabeza bien amueblada con datos, conceptos e informaciones varias.

La buena educación es la que presenta en su justa medida cantidad y calidad.



La realidad es que nos resulta muy difícil hacer significativo el aprendizaje de nuestros alumnos, especialmente en un sistema educativo basado tradicionalmente en la evaluación mediante exámenes que miden la capacidad de retentiva y no la capacidad de compresión.

La innovación es necesaria pero siempre que conduzca a la obtención de un mejor aprendizaje por parte de los alumnos. Cambiar los cosas por el mero hecho de hacer algo distinto es una moda peligrosa que se está imponiendo en nuestros centros educativos. Aquí también debería de haber un punto de equilibrio entre los que pretenden cambiarlo todo y aquellos que no están dispuestos a cambiar nada.

En mi opinión, la escuela actual no es el desastre que algunos pretenden retratar. Todavía cumple una función fundamental en nuestra sociedad a pesar de las nuevas circunstancias de la sociedad. Sin duda tiene muchas cosas que mejorar... le ayudaría ser más permeable a los nuevos tiempos, a las necesidades y exigencias del mundo en que vivimos.

La escuela debe ser una institución donde se enseña más allá de las disciplinas académicas, debe ser un espacio de creación de cultura, de socialización, de convivencia.

Educar en la escuela debe tener como objetivo que los niños descubran un mundo de posibilidades, al mismo tiempo que tienen acceso a su patrimonio cultural. Solo conociendo nuestra cultura seremos capaces de tener un visión crítica y constructiva de la misma y de comprender la de los demás. El alumno de nuestras escuelas debe ser un alumno maker, es decir, debe ser constructor, creador de contenidos. Para ello es necesario conectar con la pasión de los alumnos, al tiempo que debemos ser capaces de hacer que se interesen por conocer su herencia cultural. No es una tarea sencilla.

Lo cierto es que el mundo en el que vivimos es tan complejo que requiere de personas capaces de tener una perspectiva crítica, abierta, creativa... pero también con buenos fundamentos culturales.
Tomado de: El blog de Salvaroj

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